Sabemos que alrededor del 60% de las enfermedades más prevalentes hoy día tienen un origen epigenético. ¿Qué significa esto? Que son los actuales estilos de vida los que están activando los genes de enfermedad. De hecho, hay cada vez más evidencias científicas que relacionan el cáncer, la obesidad o las enfermedades cardiovasculares con determinados patrones alimentarios. Pero también otras evidencias hablan de su relación con un sueño de mala calidad o con la ausencia de ejercicio físico, por ejemplo. 

Sin embargo, ¿qué estamos haciendo los médicos? Seguimos esperando a que una persona enferme de diabetes para darle información sobre cómo gestionar mejor sus glucemias… ¿Por qué no dedicamos tiempo suficiente a educar y empoderar a nuestros pacientes en hábitos saludables, antes de que aparezca la enfermedad? 

Si contemplamos el modelo médico actual en atención primaria, es fácil reconocer un modelo de pasivos: las personas tienen poca capacidad de influir en su salud, entran en contacto con el sistema sanitario únicamente cuando enferman, estableciendo entonces relaciones de dependencia hacia el mismo. De esa forma, se cierra un círculo empobrecedor y poco eficiente para usuarios, profesionales y para la propia institución sanitaria. 

¿Y si el médico de familia se convirtiese no solo en un médico asistencial, sino también en un mentor de salud? La implantación de un modelo de activos conlleva que el contacto con el personal sanitario no comience con la aparición de un problema, sino mucho antes: cuando la persona sana acude al profesional para ser acompañada en el desarrollo de habilidades, capacidades y talentos internos que le convierten en gestor de su propia salud y bienestar. 

Este modelo de activos es muy enriquecedor por dos motivos: por un lado, aumenta la autoestima, el poder y la responsabilidad de la persona sobre su salud; y por otro lado, realiza una importante labor de promoción y de prevención. Pero, para que este cambio se produzca, los tres protagonistas del sistema sanitario tenemos que concienciarnos y colaborar, cada uno desde su área de poder.

Los médicos de atención primaria tenemos el reto de estudiar e investigar los recursos y las fuerzas generadoras de salud internas que posee el ser humano, y traducirlas a la práctica diaria como nuevos hábitos de vida saludables que abarquen al individuo como un ser biopsicosocial. 

El sistema debe apostar por acciones como la creación de escuelas de salud en los centros de atención primaria o la educación en la asistencia clínica, como un buen comienzo para educar y promocionar la salud.  

Y todos nosotros, los usuarios, debemos empezar por cambiar de actitud, abandonar la pasividad y recuperar nuestro poder y nuestra responsabilidad sobre el hecho de mantenernos sanos y potenciar el bienestar.

¿Qué te parece? ¿Empezamos a cambiar el modelo entre todos?