La mayoría de las causas de mortalidad hoy día no dependen de nuestra genética, sino de los estilos de vida que llevamos. Los avances sociales, económicos o tecnológicos han producido importantes cambios en nuestros hábitos cotidianos, que están afectando seriamente a nuestra salud.

¿De qué hábitos hablamos? Principalmente del sedentarismo, del consumo de sustancias tóxicas como el alcohol o el tabaco, del estrés cronificado o de una alimentación deficiente, con un gran descenso del consumo de fruta y verdura.

Estos hábitos no saludables, que difieren mucho del estilo de vida que llevaban nuestros antepasados, son los responsables en gran medida de lo que hoy en día llamamos epidemias del siglo XXI: la obesidad inflamatoria, la diabetes mellitus, la hipertensión arterial, la patología cardiovascular, el cáncer…

Nuestro cuerpo tiene fuerzas generadoras de salud que trabajan día y noche para que sobrevivamos, pero los actuales estilos de vida las están debilitando. Dicho de otra forma: si fuésemos capaces de actuar frente a los factores de riesgo provocados por hábitos insanos, podríamos disminuir la mortalidad hasta en un 60%.

¿Acaso no merece la pena llevar una vida saludable?