Muchas veces me pregunto por qué todo está cambiando tan rápidamente… ¿será que estoy mayor y ya no soy tan dúctil ante los cambios?  El caso es que la realidad se conduce al margen de nuestras percepciones, y realmente hoy día los cambios se producen mucho más rápido que hace un par de décadas.

En las sociedades modernas, es habitual la sensación de prisa, de celeridad, la necesidad de mantener un ritmo muy alto… Todo ello viene de la mano de la evolución tecnológica, que tradicionalmente ha marcado el cambio social en mucha mayor medida que cualquier otro factor.

Y si no, echemos un ojo al pasado: el primer gran cambio social vino de la mano de la aparición de tecnologías eficientes para la agricultura; un poco más tarde, la invención de la imprenta volvió a producir una gran transformación social; la posterior revolución industrial modificó definitivamente nuestra sociedad de la mano de las máquinas… En la actualidad, la aparición de las tecnologías de comunicación ha vuelto a cambiarlo todo, pero esta vez de manera mucho más precipitada y vertiginosa.

Pero… ¿por qué esto es así? En el año 1965, el cofundador de Intel, Gordon Moore, enunció un principio según el cual el número de transistores por unidad de superficie en circuitos integrados (los usados por la electrónica de consumo actual) se duplicaría cada dos años. Lo que viene a decir la Ley Moore, en definitiva, es que, cada dos años, la capacidad de cálculo de nuestros dispositivos se multiplica por dos. Se trata de una ley empírica, pues se ha podido observar su fehaciente cumplimiento hasta nuestros días.

¿Qué supone este crecimiento exponencial? Como se puede comprobar en el gráfico, un momento de evolución tecnológica realmente vertiginoso:

Pero no queda ahí la cosa: si bien hasta el año 2005 la evolución de nuestros dispositivos era también exponencial, en estos últimos años está dando saltos mucho más grandes. Hasta el punto de que dentro de poco tiempo el poder de cálculo de un ordenador sobrepasará al poder de cálculo de un cerebro humano.

El único lastre para la evolución de las máquinas va a resultar la propia capacidad humana de idear soluciones tecnológicas, que hoy día ya es mucho más limitada que el poder de computación.

¿Cómo puede la especie humana adaptarse a esta transformación tan vertiginosa? Cierto es que su capacidad de adaptación y su plasticidad cerebral es increíble, pero no va a resultar fácil adaptarse a unos cambios tan veloces.

Ante esta situación, resulta imprescindible poner consciencia: darnos cuenta del periodo histórico que estamos viviendo. Entender la base que propicia el cambio social es vital para poder entender que realmente estamos avanzando a un ritmo muy superior al que somos capaces de asimilar, y eso tiene consecuencias en nuestra especie, que evolutivamente se asienta sobre cientos de miles de años de adaptación a un medio mucho más tranquilo y predecible. 

Te invito a reflexionar sobre ello…