Resulta obvio que en nuestra relación con el entorno surge y se plasma todo nuestro mundo interior. A veces está en calma… pero otras veces subyace un malestar oculto, hasta que estalla delante de nosotros y no nos queda otra que mirarlo y prestarle atención. Las emocioneslas grandes olvidadas en la medicina tradicionaltienen mucho que decir en nuestro estado de bienestar. 

Las emociones son especialmente interesantes cuando resultan incómodas. Me refiero a aquellas que todos tratamos de ocultar: los celos, la envidia, la pereza, la vanidad, el orgullo, la ira… Estas emociones, que dejamos muchas veces en la sombra, generan mucho malestar en nosotros y en nuestro entorno. La parte buena es que cuando se despiertan y se expresan internamente, tenemos la clave para sanarlas y transformarlas en otras emociones mucho más ecológicas para todo el mundo.

No quiero que mi reflexión parezca simplista, porque en el fondo es de una gran complejidad en su proceso, pero he llegado a la conclusión de que cada uno de nosotros somos realmente responsables de nuestro bienestar. Y este bienestar únicamente se conquista cuando hay un trabajo interior que explora, hace consciente y sana nuestro mundo emocional. 

Pongamos algún ejemplo: ¿por qué me despierta ira que mi pareja se vaya a hacer deporte al salir del trabajo mientras yo me voy a casa a hacer las tareas del hogar? ¿Realmente puede darme rabia que mi pareja quiera conservarse sana? Podríamos analizar mejor esa rabia o esa ira, preguntándonos: “¿qué necesidad no estoy cubriendo en mí que me hace enfadar tanto?” Entonces el malestar desaparece por arte de magia. Dejo de proyectar en el otro mi rabia y tomo consciencia de que me enfado por no darme aquello que yo necesito: un espacio de tiempo para mí, el poder ir yo también a hacer deporte o cualquier otra necesidad. 

Veamos otro ejemplo: imagina a una persona perfeccionista, muy trabajadora, con mucha auto-exigencia, dificultad para delegar y poca capacidad para reconocer sus límites. ¿Qué le hace trabajar como una mula sintiéndose sobrepasada constantemente? ¿El querer demostrar siempre su nivel de perfección? Realmente esta manera de relacionarse con el mundo es muy estresante: ha de ser la pareja perfecta, el mejor profesional, la persona más buena y servicial… Eso genera mucho malestar en ella misma y en los demás, porque en el fondo hay un sentimiento interno de “víctima” que va anotando toda la deuda que el entorno le debe. Y seguramente, el día menos pensando sale con toda la lista de cosas «que yo hago por ti”. En este caso, la necesidad no cubierta es el auto-cuidado, la auto-estima, el ocuparse de ella en la misma medida que lo hace de los demás. Cuando comienza a hacerlo de forma habitual, deja de buscar fuera la aprobación o las adulaciones de los otros.

Siento que el ser humano, en estas sociedades modernas, ha perdido la capacidad de crear un vínculo fuerte y sólido consigo mismo. Y eso nos debilita, porque nos lleva a vivir desde la inseguridad, desde el miedo, desde la pérdida de confianza en nosotros mismos.

Pero ¿cómo vamos a crear ese vínculo si nos pasamos la vida viviendo hacia fuera? En el trabajo, en lo social, en la familia o en cualquier otro aspecto de nuestra vida. Buscamos la perfección, la estima de los demás, el éxito, los placeres, los últimos conocimientos, las posesiones materiales… y nos olvidamos de nosotros mismos. Dejamos de dedicarnos a cultivar aquello que SOMOS por conquistar constantemente el TENER.

Llegados a este punto, te invito a observarte: cuando surja en ti una emoción incómoda, investiga qué necesidad esconde debajo que no estás cubriendo. ¡Y cúbrela! Verás cómo la relación con el mundo y contigo mismo mejora. Es un primer paso en la recuperación de ese vínculo, en la creación de esos lazos internos que se tejen y que nos dan consistencia, presencia y fuerza interna.

Para conquistar la salud y el bienestar, es tan importante cuidar nuestra alimentación, practicar deporte o funcionar acorde a nuestros biorritmos, como iniciar un verdadero camino de autoconocimiento. Recuperemos el vínculo con nosotros mismos para poder vivir en salud.