Bueno, mañana sí que empiezo… ¡seguro!” ¿Te suena esta frase? Tal vez la hayas pronunciado más de una vez. Es muy frecuente plantearse empezar algún tipo de actividad física, pero no paramos de posponer el comienzo por culpa de la pereza y la desidia… Resultado: el día del deporte queda anotado como un tema pendiente durante lo que queda de año. Espero que este post sirva de palanca definitiva para ponernos las zapatillas y saltar del sillón al parque o a la piscina más cercanos. ¡Vamos allá!

¿Realmente es tan importante movernos? ¿Por qué motivo debemos vencer esa pereza? ¡Si apenas tenemos tiempo! Las razones van mucho más allá de la apariencia física pues, como vamos a ver, las evidencias científicas acerca de sus beneficios son tan obvias, que hemos de buscar la forma de hacer algo de deporte a lo largo del día.

El gran aliado de nuestra salud física

En el ámbito médico, es bien sabido cómo impacta el ejercicio en nuestro cuerpo físico. Mejora el tono muscular, aumenta la resistencia física, mantiene nuestra salud cardiovascular y previene las principales enfermedades crónicas de nuestra era: hipertensión arterial, diabetes, obesidad, osteoporosis, artrosis e incluso determinados tipos de cáncer. 

Efectivamente, según diversas investigaciones, la actividad física actuaría como factor preventivo en determinados tipos de cáncer, como el de mama, colon o próstata. Algunos estudios demuestran incluso su efecto protector y regulador del crecimiento tumoral, mediante su impacto en la regulación del proceso inmune e inflamatorio que se asocia a los procesos cancerígenos.

… Y de nuestra salud mental

No hay duda, por tanto, de que el ejercicio es un aliado de la salud física. Sin embargo, cada vez son más numerosos los estudios científicos que van mucho más allá. En los últimos tiempos se ha demostrado cómo la práctica del deporte mejora la autoestimael estado de ánimo, la memoria, la concentración o los procesos de aprendizaje. Así mismo, varios estudios han demostrado que la práctica de actividad física reduce hasta un 40% los procesos de demencia, como el Alzheimer.

Es decir, que la actividad física no sólo mejora nuestra salud física sino también la salud cerebral. Este hallazgo es especialmente importante para los niños y los jóvenes, quienes pasan largas jornadas memorizando y aprendiendo en las escuelas. Así, se ha demostrado que, después de una jornada de aprendizaje, la práctica de actividad física mejora sustancialmente la memorización de los conceptos en el tiempo. E incluso en niños con dislexia, se ha comprobado una gran mejoría tras incorporar una hora de ejercicio diario al final de la jornada escolar. ¡Y lo mismo se puede decir para los adultos, que precisan de largas jornadas de concentración, creatividad y rendimiento mental!

Ante estas evidencias científicas, no nos queda más remedio que dejar de poner la excusa de la falta de tiempo e incorporar el movimiento en nuestro día a día. Es sin duda la mejor manera de prevenir un sinfín de enfermedades y mejorar nuestra calidad de vida. ¡No sólo la futura, también la presente!

Recuerda: una nueva salud está en tus manos.