En estos días tras un merecido descanso parece que por norma general los ánimos están decaídos. Si bien, es cierto que en vacaciones viajamos, rompemos con rutinas o nos permitimos ciertas licencias y eso, puede parecer motivo suficiente para sufrir ese bajón al volver a la cruda realidad, ¿no te has preguntado nunca por qué? ¿Qué le falta a nuestras vidas para que ese regreso del periodo vacacional sea tan duro todos los años?

Observando, se me ocurre que una posible respuesta es que posiblemente nos pasamos el resto del año procurando sobrevivir a una vida de agendas apretadas y de un sin fin de cosas que debemos hacer, a veces sin ningún sentido vital; pero, en qué momento de la historia nos hemos olvidado que estamos aquí para ser felices. La felicidad no es una meta, realmente es una manera de vivir la vida, sino ¿para qué estamos realmente en esta vida? ¿para qué corremos tanto? ¿para qué hacemos tantas cosas sin sentido? ¿por qué nos adormecemos con el ruido del día a día? ¿para llenar vacíos con más vacío? ¿para no sentir la soledad? ¿por miedos varios?

Las vacaciones llegan como una bocanada de aire fresco para hacernos parar, para escapar de ese ruido externo y así, poder escuchar en nuestro propio silencio lo que realmente nos hace sentirnos bien, en paz, felices y por supuesto, para hacer reflexionar qué tipo de vida quieres empezar desde ya y después de tu regreso.

Pregúntate cuántas cosas te hacen feliz y las has dejado olvidadas por el camino por las obligaciones y por la supuesta falta de tiempo. ¿Cómo puede ser que no tengamos agendado en nuestro día a día ese momento para reconectarnos, para llenarnos de alegría, de coherencia, de bienestar, de honestidad, de presencia?

Te propongo un ejercicio que puede ser terapéutico en este periodo de vuelta de las vacaciones: piensa en cuatro cosas que te gustaría recuperar, cosas que te llenan, que le dan sentido a tu vida o simplemente, que te hacen reír. Tómate tu tiempo, no hay prisa.

A mí, así rápidamente ya se me ocurren más de cuatro: tener media hora al día para hacer deporte y cuidar mi cuerpo, recuperar un espacio a la semana para pintar, meditar antes de acostarme o al levantarme, practicar el vivir el aquí y el ahora en cada cosa que hago y por supuesto, danzar al menos una vez al mes con mi clan y… podría seguir la verdad, ¿y tú, qué cosas dejaste por el camino que te hacen feliz?

Escríbelas y pon cada semana de este mes de Septiembre una de ellas en marcha. Recuerda que estamos en esta vida para ser felices, y eso no quiere decir que nos desentendamos de las obligaciones, quiere decir que vivamos la vida en toda su plenitud, con una actitud despierta y con una intención coherente. Hemos venido aquí a VIVIR, a SER FELICES y no a pasar por la vida sin pena ni gloria deseando los lunes que pase pronto la semana para que llegue el viernes.

Démosle la vuelta a tortilla, cambiemos nuestra posición interna ante nuestra vida y recuperemos las riendas; que las vacaciones nos sirvan, no solo para descansar, ver a familiares o visitar lugares exóticos, hagamos de estos días “de descanso y de desconexión” un tiempo que nos concede la alquimia para transformar nuestras vidas en algo maravilloso y digno de ser vivido: recuerda quién eres, qué tipo de persona quieres ser y qué es lo realmente importante para ti. Pinta qué tipo de vida quieres desde ya.

Toma estos días de respiro si todavía estas de vacaciones para meditar en ello y si ya estás de vuelta, pregúntate por qué motivo te ha dado el bajón al regresar. ¿Qué le falta a tu vida? No puede ser que solo seamos felices en tiempo de vacaciones, ¡erradiquemos el síndrome postvacacacional¡

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