Y es que, eso parece cuando en pleno agosto se ven las escuelas, las carreteras, las oficinas o las grandes ciudades medio desiertas. Huimos a lugar exóticos, al mar, a la montaña o a los pueblos de antaño buscando calma, tranquilidad, descanso, reposo y desconexión, pero no tenemos en cuenta que en el equipaje, no sólo nos llevamos la ropa adecuada o el protector solar, sino que viaja con nosotros otro equipaje más sutil, que aunque no se vea y no pese, tiene más presencia que cualquier otro, y ese equipaje no es otro que NOSOTROS MISMOS.

Nos llevamos aquello que somos, con nuestras fortalezas y debilidades, con nuestras inquietudes e incapacidades; y aquél viaje que parecía que nos iba a llevar a la desconexión absoluta, nos lleva directos a la reconexión con nuestra propia realidad interna. Y en ese interior, hay luces y sombras y son estas últimas las que nos llevan a salir de nuestra zona de confort poniéndonos ante situaciones de conflicto, de diferencias, de tensión, que no buscan otra cosa que volver a casa con un equipaje más ligero que el que traíamos, un equipaje con menos temas pendientes de resolver.

Por eso, hoy quiero brindar por los buenos ratos que pasamos en las vacaciones, pero también, por esos momentos de diferencias, por los conflictos, por las peleas que surgen en estos días con nosotros mismos, con nuestra pareja, nuestros hijos o con esos familiares que vemos una vez al año. Sí, porque solo de la diferencia y del conflicto nace un nuevo orden que nos permite crecer y mejorar; porque cuando regresamos a la cotidianeidad parece que todo vuelve a quedarse como dormido, anestesiado ¿o no tienes tú esa misma impresión?

Por eso, dejemos de huir de nuestras propias sombras o de los conflictos y diferencias con el otro, aprovechemos la oportunidad que nos traen estos días en los que aparentemente paramos para observar todas esas situaciones que nos permiten aprender y ganar en coherencia y en presencia, para retomar retos que quedaron dormidos, para poner nuevos límites o simplemente para practicar la comprensión y la capacidad de perdonar. ¿Porqué acaso no es eso también la felicidad?

¿Cómo te sientes cuando eres capaz de desbloquear una situación de conflicto? La felicidad, para mí, no es sólo esa paz interior o ese bienestar eterno que nos quieren vender, la felicidad también es estar vivo, ser capaz de resolver y sortear con aprendizaje y crecimiento, las piedras que vamos encontrando en el camino como el poder afrontar la pérdida y el acompañamiento de un ser querido que fallece, el tener que tomar la dura decisión de ingresar a tus padres en una residencia cuando no hay más salidas, darte cuenta en la distancia que la vida que llevas no es la que quieres vivir, el discutir con tu pareja por aquellos puntos que os separan y encontrar esos lugares de encuentro en el punto medio donde podéis sonreír y estar en paz de nuevo juntos.

La felicidad es aprender a aceptar lo que la vida nos pone en cada instante sobre la mesa, vivirlo con toda la profundidad y presencia que podamos en cada momento,y sobretodo, no juzgar ni etiquetar lo que nos ocurre, porque detrás de cada instante se esconde la magia de la vida, esa matriz tejida con hilos de oro que nos conecta a todos y nos conduce hacia un estado de mayor presencia, sabiduría y amor hacia nosotros y hacia el mundo, si sabemos elegir el camino del aprendizaje y no el del sufrimiento y el apego.

Disfruta de tus vacaciones y saborea aquellos momentos de reconexión que te permiten volver a casa con la cabeza más lúcida, el corazón más abierto y tu consciencia más presente. Recuerda que la vida no cierra por vacaciones y que estamos aquí para vivir felices, no para sobrevivir.

Dra. Lourdes Tomás

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